Noventa aniversario de la masacre de Arnedo (La Rioja), 1932-2022. Intervención de Pedro A. García Bilbao

Antecedentes

El colectivo Memoria y dignidad, formado en Arnedo (La Rioja) por personas de distinta procedencia o afiliación pero coincidente sensibilidad democrática, convocó el día 5 de enero de 2022, un acto en recuerdo y homenaje de las víctimas ocasionadas por la Guardia Civil en la misma fecha de 1932; lo sucedido en su día merece sobradamente la calificación de masacre, causó decenas de muertos y heridos en una concentración de personas que celebraba el acuerdo y final de una huelga por despidos en una fábrica de la localidad tras varias jornadas de intensa movilización local y con extensas muestras de solidaridad en toda la provincia. Aquel 5 de enero de 1932, todo parecía arreglado. La actuación de los sindicatos, la UGT principalmente, y la presión política e institucional del gobierno republicano, habían logrado sentar en la mesa de negociación a la patronal del sector y tras varios días se acordó reintegrar a sus puestos de trabajo a los despedidos, que lo habían sido fundamentalmente por haber participado en la formación de las secciones sindicales en la comarca.

Lo que fue un acuerdo tras un conflicto laboral se convertiría en una verdadera tragedia por cuestiones ajenas a la dinámica de la relación entre sindicato y patronal. Estaban reunidos en el ayuntamiento de Arnedo los distintos representantes sindicales, patronales e institucionales: sindicalistas, patronos, diputados, alcalde, gobernador civil y hasta el propio comandante de la Guardia Civil en la provincia, solo faltaba salir al balcón para mostrar la firma del acuerdo. En torno al ayuntamiento, en la llamada Plaza de la República, habría tal vez unas doscientas personas, buena parte de ellas mujeres con sus hijos, familia de los trabajadores afectados, y desde luego muchos trabajadores afiliados a los sindicatos, portando sus enseñas y guiones de sus organizaciones; se vivía un ambiente de alivio y alegría por la resolución del conflicto, pero también de cierta indignación por las noticias procedentes de Castilblanco, donde pocos días antes se había producido un enfrentamiento entre campesinos y guardias civiles que se había cobrado varias víctimas mortales, entre ellos varios guardias, linchados por la multitud tras haber disparado contra los trabajadores en una protesta.

La Plaza de la República de Arnedo era y es en la actualidad (hoy se denomina Plaza de Nuestra Sra. de Vico), un espacio no muy grande, con unos 25 metros de ancho y casas con soportales a ambos lados. El ayuntamiento y la plaza hacen esquina con la calle Juan Carlos I, todavía más estrecha. La multitud estaba a la espera de que se abriera el balcón, llenando todo el espacio. Del otro lado, es decir enfrente del ayuntamiento, bajo los soportales, se encontraba desplegada en línea una unidad de la Guardia Civil, unos 28 efectivos al mando de un subteniente y un sargento, el comandante responsable del Cuerpo en la provincia y por tanto el superior del subteniente, se encontraba en la reunión del ayuntamiento.

El hecho es que en un momento dado de aquella tarde, mientras se esperaba en la plaza, comenzó un griterío que dio pasó de inmediato a tres descargas cerradas de los 28 guardias. Tres descargas realizadas a bocajarro, disparando a bulto a una distancia de apenas unos tres o cuatro metros. Cayeron muertas 11 personas (seis hombres y cinco mujeres) quedando heridas otras treinta personas. Sobre cómo empezó todo parece haber coincidencia en que algunas personas increparon a los guardias y que empujada una muchacha por un guardia, su padre forcejeó con éste arrojándole al suelo, tras lo cual el subteniente ordenó fuego directo sobre la masa de gente. Entre las víctimas mortales estaban una madre joven con su bebé en brazos y una mujer de más de 70 años. La gente corrió espantada desde el primer disparo pero las descargas les persiguieron.

Los representantes reunidos en el ayuntamiento quedaron sorprendidos por los gritos y disparos primero y por la plaza anegada en sangre. Además de hacer frente a la necesidad de ayudar a los heridos, se avisó de inmediato a las autoridades en Madrid, donde el ministro de la Gobernación, Casares Quiroga, respondía en el Congreso a preguntas sobre lo sucedido en Castilblanco. El diputado socialista Orad de la Torre, en comunicación directa, informó de lo que acababa de suceder casi en tiempo real, produciéndose un intenso debate en la Cámara con una gran tensión. El presidente del gobierno, D. Manuel Azaña, expuso que se hacía necesario aclarar los hechos y actuar en consecuencia una vez se supiera qué había ocurrido.

Días después, el general Sanjurjo, director general de la Guardia Civil, realizó un a defensa cerrada de la acción de sus hombres y defendió la necesidad de actuar sin contemplaciones ante el «peligro social» que representaba el socialismo y los sindicatos. Sanjurjo fue destituido, si bien, en vez de mandarle a la reserva o bien a disposición del mando, fue encargado del Cuerpo de Carabineros. Unos meses después, en agosto de 1932, Sanjurjo se sublevaría contra la República, fracasando entre otros motivos por la decidida actuación del presidente Azaña. La Guardia Civil fue puesta bajo el mando del Ministerio de la Gobernación, dejando de estarlo bajo el de la Guerra.

El subteniente de la Guardia Civil responsable de la masacre fue finalmente procesado dos años después, siendo absuelto. La acción de aquel cinco de enero quedó impune. En 1936, caído Logroño ante las tropas sediciosas y requetés venidos de Pamplona, el puesto local de la Guardia Civil se unió a la sublevación y se hizo cargo del poder local. La represión subsiguiente, en esos primeras semanas, se cobró las vidas de 42 personas más, entre ellas, alcaldes, concejales, maestros, funcionarios leales, campesinos, obreros, muchos sindicalistas o afiliados a los partidos que apoyaban al gobierno del Frente Popular.

Pasados noventa años (90) nunca había habido un acto en conmemoración de los sucesos de 1932 y de recuerdo a las víctimas, y cuando finalmente se hizo, el acto de conmemoración y homenaje no fue institucional, sino privado, ninguna autoridad pública subió a la tribuna, nadie del estado, el gobierno autónomo, el estado central, nadie tampoco del ayuntamiento, tampoco participaron en tanto que tales, los partidos de izquierda y democráticos o los sindicatos. Este es el hecho, esta es la realidad democrática de España en 2022.

El acto, muy sentido, muy concurrido, llenó la plaza, fue organizado por el Colectivo Memoria y Dignidad, como parte de unas jornadas diversas que permitieron reconstruir lo sucedido. El acto del día cinco, en la calle Rey Juan Carlos I, en la esquina de la antigua Plaza de la República, en el mismo espacio donde cayeron muchas de las víctimas, contó con un micrófono abierto; a continuación, la intervención que hice en esos momentos.

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